Original en francés
www.autresdimensions.com
Canalizado por: Jean Luc Ayoun
Transcripción: Véronique Loriot
Traducción: Susana Milan
http://mensajes-del-espiritu.blogspot.com
http://mensajes-del-espiritu-2010.blogspot.com
audio cortesia de Alicia Botero Toro http://hallegadolaluz.blogspot.com
http://www.yakitome.com/data/9214039895/yak_LOJ5HpjPueNHApQE2AzznX1JH9QsXHciR_DHqmjKRDC_EBk7MjIBO5RBSSvortQnVjWB2ajsb9ocr8LhypWJi6s2Oyh7rOR4B0.mp3
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Traducción: Susana Milan
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BIDI-1
13
abril 2012 -1
BIDI
está de nuevo con vosotros. Después de nuestras charlas, después de vuestras
preguntas y lo que os he dado como respuestas, dudo que podáis tener otras
cuestiones. Entonces, yo tendría otras respuestas. Entended que más allá de
este intercambio, más allá de vuestras preguntas y de mis respuestas, el
Absoluto mora. Evidentemente, habéis comprendido que todas mis respuestas solo
están destinadas a hacer preguntaros sobre el Absoluto. Absoluto que no podéis
ni definir, ni siquiera comprender, ni tampoco aproximaros (como he dicho). Por
el contrario, yo podría en efecto venderos, de alguna forma, las ventajas de
ser ante todo, Absoluto y, los inconvenientes de permanecer en el Yo o en el Sí.
La
primera ventaja, es que sea lo que digáis, lo que penséis y lo que
experimentéis, el Yo y el Sí terminarán con la partida de este cuerpo y por
tanto, ni el Yo ni el Sí, podrán satisfaceros de ningún modo, más allá de la
duración efímera, de lo que vosotros llamáis, esta vida. El Absoluto confiere,
de alguna forma, exactamente la inversa y el opuesto de esto. Es el fin de la
muerte. El fin del olvido.
La
segunda ventaja (que ciertamente, es para esta vida efímera y este Yo/Juego (Je/Jeu)
efímero) que deja Ser al Absoluto, es que evidentemente, en el Absoluto, no
puede existir ninguna de las fluctuaciones que vivís cada día de vuestra vida:
un día, sois felices; un día, sois desgraciados; un día, vivís el Sí; un día,
el Sí se aleja de vosotros. Y esto es imposible en el Absoluto. El Absoluto os
confiere sin embargo, una forma de perennidad y yo diría incluso más, una
seguridad total, mucho más allá del Sí. Desde el punto de vista del Absoluto,
uno puede incluso, plantearse la cuestión de ¿por qué dudáis? ¿Por qué no
osáis? Yo iría incluso más lejos: el Yo tiene tendencia a querer buscar el
Despertar, la Iluminación, la Realización. Él se dedica, yo diría (aquellos que
están en un camino espiritual), a tiempo completo. Pero es ridículo en la
medida que el Absoluto (que es vosotros mismos) os abre sus puertas e
instantáneamente, desde que suponéis y proponéis la posibilidad del Absoluto, y
bien, Él está aquí. Pero el Ego jamás os permitirá suponer esto, porque es
construido precisamente, en la negación del Absoluto. Y el Sí, yo diría, es tan
narcisista, tan imbuido de sí mismo, que él tampoco permitirá jamás, al
Absoluto inmiscuirse en esta especie de auto satisfacción de aquél que se cree
Despierto (o Despertado) a lo que sea.
Nosotros
estamos en tiempos en esta Tierra (que vivís), particulares e intensos. La
cuestión es saber cuánto tiempo vais, de algún modo, a resistiros a la
evidencia, a resistir la perennidad y preferir las idas y venidas entre la
alegría y la tristeza, la autosatisfacción y de alguna forma, la negación de la
evidencia del Último y del Absoluto. Si os planteáis sinceramente la cuestión
(y os animo a planteároslo y no a planteármelo) constataréis vosotros mismos,
que hay, en ese nivel, una especie de estupidez de la inteligencia humana que está
muy alejada de la Verdad de la experiencia y de ese estado Último (que no es un
estado). Pasáis vuestro tiempo yendo de un estado al otro, de un centro de
interés a otro. Y, si os digo que el Absoluto responde, en bloque de un solo
golpe, a todas vuestras preguntas, el Ego va a pensar que es fastidioso y
aburrido. Entonces, seguro que va a pasar su tiempo (en lugar de refutarse a sí
mismo), refutando al Absoluto y alejándose con una investigación hipotética, de
cualquier Realización, de cualquier evolución o de cualquier transformación, en
una linealidad que de todas formas, no deja ninguna evidencia al Infinito.
En
resumen, estáis en un cuerpo limitado, estáis en pensamientos limitados, soñáis
con lo Ilimitado. Sois finitos, soñáis lo Infinito pero cuando llega el
Infinito, dais media vuelta. Porque, evidentemente, no hay solución de
continuidad (como se dice) y por tanto, para vosotros es en efecto deplorable,
en efecto ilusorio, mientras que permanezcáis en el Ego (esta pequeña persona
que ha nacido un día y que morirá, de todas formas, sea lo que hagáis, sea lo
que realicéis). Y volvéis a comenzar cada vez.
Ayer,
UN excelente AMIGO (que es vuestro Amigo) os ha dado unas frases (ndr: ver
intervención de UN AMIGO del 12 abril 2012). Esas frases son resonancias
importantes para que oséis plantearos la cuestión de por qué no osáis. ¿Qué es
ese miedo? ¿Qué es esa duda que está inscrita en este cuerpo (que no es más que
un saco de comida, que está destinado a alimentar otra cosa, por supuesto, a su
muerte)? Y persistís en imaginar ser este cuerpo y todo lo que no dura (que
solo tiene un tiempo en este mundo), que está inscrito entre vuestra venida a
este mundo y vuestra partida de él. Y soñáis con lo Ilimitado a través de una
relación con un ser amado. Y soñáis permanentemente con algo que será Eterno
pero montando guardia en instalaros en lo efímero. ¿Os dais cuenta de ese
ridículo, de lo que se piensa, lo que se imagina y de lo que se proyecta?
¿Queréis salir del ridículo? ¿Queréis en fin, ser esta Alegría Eterna, este
Éxtasis permanente? ¿Estaréis tan aterrados por vuestro propio placer?
¿Estaréis tan pasmados de no ser más que esta Fuente de placer, indecible,
permanente, Eterna?
He
aquí donde se sitúa el marco, entre nosotros hoy. Os digo entonces: buenos días
y bien venidos a la Eternidad. Vamos a dialogar, intermitentemente, sobre las
cuestiones que me habéis planteado y las respuestas que yo he aportado.
También, os pido no buscar comprender sino impregnaros de nuestros diálogos.
Las cuestiones son infinitas. Las respuestas también lo son. De igual forma que
os ocultáis detrás de vosotros mismos, de la misma manera más allá del
observador y del testigo, hay algo que está ahí y que no se ha movido jamás, de
igual forma (más allá de vuestras preguntas y respuestas), está también, ese
Absoluto. Es esto lo que vamos a intentar que se instale, desviando, de alguna
forma, vuestro Ego, vuestra personalidad y vuestro Sí, de su estado, para
abandonar ese estado, en beneficio de alguna cosa de la que no se puede decir
nada. Pero que, desde el instante en que se instale, os mostrará la vanidad y
la superficialidad de todo lo que habíais emprendido antes y que, sin embargo
era (en ciertos casos, lo sabéis) necesario. Pero incluso eso necesario no debe
ser una finalidad. Necesitáis soltar las muletas, soltar todo lo que tenéis,
todo a lo que pensáis haber llegado. No habéis llegado a ninguna parte. Porque
no hay ninguna parte a donde llegar. Llegar a alguna parte significa que hace
falta haber partido. Pero ¿partido de qué? Y ¿partido de dónde? Habiendo
planteado esto, os escucho.
Pregunta:
¿cómo mantenerse en el Eterno Presente?
Refutando
tu propia mente. Está ahí. Tú no puedes negarlo. No lo escuchas. ¿A qué das
crédito? ¿Vas a dar crédito eternamente, a lo que te susurra montones de cosas
que son falsas? la mente no sirve más que para andar por este mundo. Para
entrar en reacción permanente y para ajustarse a lo que te propone la vida.
Pero, no te es de ninguna utilidad para ir más allá de esto. Entonces, no
creas lo que te dice. Créele cuando se trate de ser lógico, en el quehacer de
la vida ordinaria. ¿Es que por eso hay que creerla cuando interviene en los
momentos en que tú no lo has solicitado? ¿Quién es el maestro? ¿Quién decide?
No te opongas a tu propia mente: la reforzará cada vez más y es a eso a lo que
tú has jugado desde muchas decenas de años. El Yo/ Juego se ha terminado. No te
opongas a él. Será siempre más fuerte que tú, en tu Ego. Entonces no lo
escuches. No le respondas. No le otorgues ninguna validez. Constatarás por ti
mismo que entonces, poco a poco, él soltará la presa. Refútalo, sin oponerte.
La mente se sirve incluso de la meditación e incluso, de tu propia observación
más allá de la mente. Va a querer ser, de alguna forma, la propietaria de todo
lo que puede emitir en el Interior de ti, lo que ha superado esa mente y te
remite permanentemente a ti mismo. Y, continuamente, de alguna forma, a una
cierta forma de inutilidad de ti mismo. Simplemente, no hay que otorgarle el
mínimo crédito. Acabará por callarse. Pero sobre todo, no le pidas que se calle
porque para ella, todo es pretexto para interactuar y para reaccionar. El
objetivo es justamente, no interaccionar y no reaccionar. No la escuches. Todo
lo que te puede decir relativo a lo que tú Eres, es falso. No hay otro medio.
Todos habéis notado (en la vida que se vive en este mundo) que desde el
instante en que se otorga crédito a lo que sea, hay todas las posibilidades
para que eso a lo que la conciencia está dirigida se manifieste, de una forma o
de otra. Y vosotros constatáis, por cierto, que se manifiesta mucho más
fácilmente, lo que tiene tendencia a ser negativo que lo que tiene tendencia a
ser positivo. Muchos quisieran ser ricos: muchos son pobres. Muchos quisieran
tener buena salud: y muchos están enfermos. Esto deberá (y debiera ya) atraer
vuestra atención sobre la estupidez de creer en esa clase de cosas. El Yo (el
Ego, la personalidad) va a buscar continuamente prevenir y prever y la mente
destaca. Va incluso, a hablaros de Luz. Va a hablaros, de bienestar. Va a
hablaros de Realización. Pero os miente. Y, sobre todo, no sois él. Cuando
decís: « yo como » ¿quién come? ¿Vosotros o este cuerpo? Cuando
decís: « yo conduzco » ¿Quién conduce? Cuando decís: « tengo un
marido » ¿cuál es ese “yo” que tiene un marido? ¿El marido está en
vosotros? ¿O está fuera de vosotros? Comprended que « yo » no puede
tener nada, ni ser nada. Solo es un intermediario y vosotros le dais todo el
peso a ese intermediario. Es así para todo lo que se manifiesta en el
pensamiento, en las ideas, en los conceptos y voy incluso más lejos: en todo lo
que se percibe. El principio mismo de la identificación os lleva a la
proyección. Y la proyección es una exteriorización y por tanto, por naturaleza
(y por manifestación), efímera. No os ocupéis de eso.
Pregunta:
¿quién refuta?
El
propio Ego. Porque la refutación, para él, parece no presentar peligro. Va a
considerar esto como un juego. Pero enseguida, deberá decantarlo porque a
fuerza de haber refutado todo lo que hasta el presente constituía su universo,
y bien, va a estar en la disyuntiva, va a capitular. Y es en ese momento, es
cuando os aparecerá detrás de ese “Yo”, el Sí. Continuad refutando. La Onda de
Vida aparecerá (o no). Dejad hacer lo que se hace. Vosotros no podéis conocer
el Absoluto. En ningún momento. No podéis vivirlo. Ya está ahí. Acordaros de
que el Absoluto no tiene necesidad de refutar lo que sea. No tiene necesidad de
negar lo que sea, puesto que es ampliamente más vasto (ya que es Infinito) que el
Ego, que la persona, que la mente, que lo que se percibe o se concibe.
Entonces, no os planteéis la cuestión de saber, si es el Absoluto el que
refuta. El Absoluto no refuta nada. No está en absoluto concernido por vuestra
escena de teatro, ni siquiera por el regidor, ni por el iluminador, ni siquiera
por el actor, ni por el que mira. No tiene nada que ver con el teatro, en
verdad. Cuando hayáis tomado conciencia de que no sois ni el decorado, ni la
escena, ni el actor, ni el espectador, ni el teatro ¿qué quedará? Lo que sois,
más allá de cualquier estafa. Pero no hay otra forma (ni otra posibilidad) de
poner fin a la Ilusión de teatro. Mientras estéis en el teatro, sufriréis, lo
queráis o no: a propósito de este cuerpo, a propósito de vuestros afectos, a
propósito de vuestra fatiga o de vuestro bien estar. Si el teatro no está ya
¿qué es lo que podría sufrir? No hay contenido. El Absoluto es, de algún modo,
la Sanación Última. Y vosotros rechazáis esta Sanación Última. En parte, el
“Yo” y el Sí son masoquistas. Y sabéis muy bien que en este mundo, de
masoquismo a masoquismo aparece el sadismo, el bien y el mal. Vosotros no sois
ni el bien, ni el mal. Si estáis aquí, es que os adherís al bien: el vuestro o
el del otro pero el bien no es lo que construye a partir de la experiencia de
este mundo. Ninguna experiencia de este mundo es la experiencia del Absoluto.
Porque el Absoluto no será jamás, una experiencia. No lo puede ser. Llega un
momento en que hace falta plantearos la cuestión de vuestras propias experiencias.
Ciertamente, el “Yo” (y el Sí) no quieren en absoluto oír hablar de
experiencias. Quieren vivirlas. Pero si esa experiencia es la Vida y pone fin a
cualquier experiencia, esto aterroriza al Ego y al Sí (que se cree que ha
llegado). ¿Qué es lo que queréis creer? ¿Qué es lo que queréis vivir? Pero
mientras creáis no vivís.
Pregunta:
¿el observador sería el Ego que evalúa y juzga? ¿Puedo refutarlo?
No.
El observador no es en ningún caso, el Ego. Es el Sí, el “Yo soy”. Tomar
conciencia del observador, ya es no ser actor sobre la escena de teatro (en un
decorado) sino estar sentado confortablemente, en el sillón y mirar. Pero
incluso eso, efectivamente hay que refutarlo. Pero no llames al observador: el
Ego. Tú le atribuyes un rol que no tiene. El Ego busca transferirse en el Sí.
De todas formas, es muy simple: el Absoluto no es nada de lo que tú conoces. La
mejor de las refutaciones es esa que no busca identificar, discriminar el
decorado, del actor, del espectador o del teatro. Entonces, seguro, hay una
forma de dinámica. Es más fácil refutar el decorado. Después el actor. Después
el espectador. Y al final, el teatro. Porque es mucho más difícil refutar, en
su totalidad el teatro desde el principio. Porque el Ego (el Sí) considera que
hay un inicio, y por tanto, un camino y una llegada. Hay entonces, ciertos
actos y escenas que jugar. Y esto es muy placentero, incluso para el
observador. La más grande de las angustias sobrevive cuando uno te das cuenta
de que no se es ni el actor, ni el decorado, ni el espectador, ni siquiera el
teatro en el que se desarrollaría esta hipotética pieza de teatro. Es una
tragedia. Peo si vivís el Absoluto, esto no será una tragedia sino más bien,
una comedia. ¿Quieres ser el drama o quieres ser la comedia? Todo se resume en
esto.
Pregunta:
¿es necesario comenzar por refutar las manifestaciones del pasado o las del
presente?
Pero
refutar el pasado, quiere decir que tú concedes aun un peso al pasado. El
pasado no tiene ningún peso. No hay siquiera que refutarlo: no existe. Por el
contrario, su supuesta acción en el presente existe, si tú lo planteas así.
Entonces ¿qué es lo que hay que refutar, en este caso? Es todo lo que tú
conoces. Lo que tú conoces no es lo que has conocido (que solo es un peso
muerto). Lo que está activo en el « Yo » y en el Sí, es únicamente lo
que es conocido en el presente. La Presencia, el “Yo soy” o el “Yo soy Uno”, el
Sí, sencillamente, no es el presente. Es justamente lo que supera y transforma
ampliamente, este presente. Mientras que estés en el “Yo”, estás en lo
que se llama un presente flaco, es decir que ese presente es tan flaco que
estaría lleno de pseudo certezas (que vienen de tu pasado, de tu educación, de
tus vidas pasadas), te darían la impresión de dominar este presente flaco. La
meditación se abre en un amplio presente, es decir que los pensamientos no son
tan rápidos. Hay como una posibilidad de observar sus propios pensamientos, sus
propias ideas, permitiendo deshacerse muy fácilmente (o en todo caso, mucho más
fácilmente). El presente amplio desemboca en la Presencia, en el “Yo soy”. No
te ocupes de lo que está muerto. Ayer está muerto. El segundo de antes está
muerto. Sea lo que quieran decir los pensamientos, sea lo que vengan a decir
los miedos o tus sufrimientos, sea la que sea la causalidad de lo que tú vives
hoy, tú no eres de ninguna forma una causalidad. No concedas peso a lo que no
lo tiene ya verdaderamente. La refutación concierne a la totalidad de lo que se
ha llamado efímero o limitado. Un instante pasado es efímero y está muerto.
¿Por qué quieres hacerlo vivir? Lo que hay que refutar es esencialmente, lo que
se sitúa primero, en este presente flaco, y después, en un presente amplio.
Esto va a instalarte en el Eterno Presente que es la Presencia. Pero, mientras
que des crédito a lo que sea de tu pasado, tú te sitúas a ti mismo, en la ley
de acción/reacción y en lo que se llama karma. El karma concierne a la
personalidad (mortal y efímera). Jamás al Sí. En cuanto al Absoluto, no puede
siquiera conceder cualquier veracidad a esto.
Pregunta:
en mis momentos de Alineamiento, cuando suelto lo que creo, lo que conozco, me
parece estar como en suspensión y lo que viene a mí es la nada. En la vida de
todos los días, siento la nada de forma fugitiva, como la sensación de que todo
me es igual y de que no hay nada que hacer. Si suelto la atadura a la Alegría,
no sé incluso si lo que aflora a mi Conciencia me es conocido o no y me da
igual ¿Qué es eso?
Gracias
por tu testimonio pero esto no es una pregunta. Es una constatación. Ahora
¿quién quiere constatar? Una vez más, el Ego y la personalidad que buscan
agarrarse (como una especie de autosatisfacción) a haber llegado a crear esto.
Esto también va más allá de eso. No te contentes con observar cualquier
resultado, cualquier progresión. Ve hasta el final. Mientras que te mires y te
veas a ti mismo, el Absoluto no puede nacer. Ya está aquí. Eres tú el que
esperas que nazca. Pero nada puede nacer. No te mires jugar. Aunque ese juego
deba cesar. Olvida incluso eso. Totalmente. El Absoluto es. El Sí va siempre a
hacer gárgaras de la maravillosa distancia que existe entre lo que era antes
(en el « Yo ») y a lo que ha llegado. Pero el Absoluto no puede ser,
in antes, ni haber llegado. El Es. Tú no eres nada de lo que juega. Tú no eres
nada de eso a lo que has llegado. Y con causa. Desde que hay autosatisfacción
(de lo que sea), puedes estar seguro que no es el Absoluto. Entonces, de alguna
forma: deja caer todo esto. No constates ni siquiera eso.
Pregunta:
¿Cómo se hace la elección del acceso a la 5ª Dimensión a esa al Absoluto?
¿Por
qué? ¿Tienes una elección que hacer? ¿Quién plantea esta cuestión, si no es la
mente que busca obtener una mejor comprensión para elegir? Pero la mente no
puede elegir. Esto os lo han explicado ampliamente las Estructuras que se
han expresado (ndr: los diferentes participantes de la Asamblea de Ancianos,
Estrellas, el Cónclave Arcangélico…): por la Vibración. Pero el Absoluto está
más allá de cualquier Vibración. Mientras que tú te plantees la cuestión de la
elección, hay mente seguro, puesto que la mente es, permanentemente una
cuestión de elección. Y el Absoluto no puede aparecer. El Absoluto no es una
elección. Él Es. Lo que es la elección, es ese que cree tener elección: la
mente, la personalidad o el Sí. No hay ninguna elección para el Absoluto. La
elección es la ilusión del libre albedrío. La ausencia de elección es la
Libertad. En la Libertad está la Gracia, el Éxtasis, el Placer (en su sentido
más exacerbado, el más intenso, el más Interior). En el libre albedrío, hay
gravedad, pesadez, el sentimiento de conocer algo. Pero todo lo que es conocido
(desde ese punto de vista limitado) solo es ignorancia. También es teatro.
Plantearse la cuestión de la elección te remite a la actividad mental.
Sistemáticamente. Lógicamente. Mientras que tú te plantees la cuestión (o me la
plantees), no puedes dejar emerger, de alguna forma, la respuesta. Permanece
huída y el Absoluto parece desaparecer o en cualquier caso, se aleja. No
es él, el que se aleja, sino que eres tú el que te alejas.
Pregunta:
la Onda de Vida me ha calentado parte de la noche. ¿Me he acercado al Absoluto?
La
Onda de Vida, de alguna forma, es el testigo y el marcador de algo que aparece
(que siempre ha estado ahí), que es efectivamente el Absoluto. Es la Onda de Vida
la que procura (si se puede decir) el estado de Éxtasis, el fin del
cuestionamiento. Y efectivamente, desde el punto de vista del Sí, la
instalación en el “No-Yo soy”, en el “No-Sí”, en el Absoluto. Precisamente hay
que dejar actuar, dejar hacer, no dirigir nada y en un momento dado,
espontáneamente en el Sí, de forma natural, la Onda de Vida se convertirá en lo
que tú Eres. En ese momento, ningún límite y nada finito (inscritos en este
cuerpo, en esta persona y en esos pensamientos) será vivido como real. Tú serás
Absoluto. Lo más temible (pero que es al mismo tiempo, lo más simple), en esta
fase (esta última fase antes de la ausencia de fase), es precisamente aceptar
no hacer ya nada, aceptar no mirar, para que la Onda de Vida (si se puede decir
así) tome posesión de ti. Porque eres tú el que reacciona a la Onda de Vida.
Ella, ella siempre ha estado aquí. Si no, no habría vida alguna. Hace falta
pues, invertir la noción de sentido de movimiento: no eres tú el que vive la
Onda de Vida, sino la Onda de Vida la que te vive. Eso cambiará todo. Como os
han dicho los Ancianos: permanece tranquilo y en Paz. Si tú te sitúas un poco
en el sillón de espectador, constatarás que lo que se despliega en la escena,
cambia al actor. Y vas a constatar también que el espectador comienza a ver
borrarse la escena, el decorado y el actor, hasta preguntarse incluso, si está
sentado y si existe un teatro. Cuando esta última cuestión cesa, el teatro
desaparece. Se podría decir de alguna forma: cuando la Onda de Vida trabaja, no
trabaja, no te ocupa. No la refuta, seguro, pero va más allá.
Pregunta:
¿hay un inconveniente para el “Yo”, en mantener aun la mente en una actividad
profesional, incluso reducida?
En
absoluto. No existe ningún obstáculo al Absoluto. Servirse de la mente en una
actividad mental me parece lógico y normal. Lo que es ilógico y anormal, es
cuando la mente interviene en lo que no le concierne. La mente no puede
ser un obstáculo al Absoluto. Sea lo que haga, en lo ordinario de lo que hay
que hacer de este cuerpo y de las ocupaciones de ese Yo, no puede surgir
ninguna molestia. La sola molestia que se concibe, es la que elabora el “Yo”,
él mismo, para justificarse. Eso no es más que una justificación que no tiene
ningún sentido. El Absoluto no tiene nada que hacer con la mente y sus
actividades. Entonces, creer que la mente va a ser un obstáculo al Absoluto es,
también, un juego mental.
Pregunta:
¿podría explicar la frase: “tú no puedes apropiarte de lo que tú Eres”?
Efectivamente,
todo lo que es proyectado (en que el “Yo” y con mayor razón, el Sí) no puede
contemplarse a sí mismo. ¿Puedes tú verte sin utilizar un espejo? Los ojos no
están vueltos al interior. Entonces, tú no te puedes ver, excepto con la ayuda
de un espejo. El conjunto de los otros “Yo”, el conjunto de los decorados y el
conjunto de los teatros, solo son decorados y espejos. Tú no puedes verte a
través de otra cosa que un espejo. Pero ningún espejo es real. Desde el punto
de vista en que tú eres, no puedes apropiarte de lo que sea. El Absoluto es
natural. El es el Último. Mientras que el límite crea que puede apropiarse de
lo que sea, está en un error. Si puedo emplear esta imagen: tú no puedes
trasladarte, transcendiendo la imagen a lo Verdadero (o el Absoluto). Pero tú
no puedes verte a ti mismo, porque todo lo que se ve permanecerá circunscrito a
un marco de referencia dado, a suposiciones dadas, a referencias dadas, en
relación a la experiencia pasada que está muerta. Lo Desconocido no puede ser
conocido a partir de lo conocido. Lo conocido será siempre un espejo: un espejo
de alondras. Es decir que hay siempre, la necesidad de mirarse y admirarse. Es
el juego del Ego y del Sí. Es cuando cesa este juego de proyecciones (es decir
cuando no hay nada que ver, nada que mirar o admirar), cuando no hay ningún
lugar para el “Yo” y para el Sí, cuando el Absoluto te encontrará. En resumen,
tú no puedes encontrar el Absoluto. Tú no puedes incluso buscarlo, ni
comprenderlo. Mientras que el Ego no lo ha comprendido, se puede repetir esta
frase miles de veces (si no millones de veces), que no lo ve y no lo entiende.
Porque él tiene necesidad de comprender. Porque tiene necesidad de referirse a
lo conocido. En resumen: lo conocido no quiere soltar lo conocido. Es todo el
drama del Ego. Es todo el drama de la persona que se cree una persona. Ningún
resultado es posible en este marco. Y sin embargo, es en ese marco donde tú te
encierras, donde el mundo te encierra.
Pregunta:
¿existen preferencias o afinidades en el Absoluto?
Mientras
siga siendo un Absoluto, dentro de un relativo (es decir mientras que este
cuerpo esté presente, cualquiera que sea su vida), las preferencias van a
permanecer. Tú prefieres tal salvador más que otro. Pero no eres tú el que
prefieres, es este cuerpo. Entonces, deja esas preferencias evolucionar cómo
evolucionen. Ellas solo traducen la acción del principio vital en ti. Esto
concierne también a los alimentos como a las preferencias, sean las que sean,
de amistad o de amor, incluso personales. Pero no os ocupeis de eso. Solo
cuando la forma se termina, el Absoluto encuentra, yo diría, su ecuanimidad y
su permanencia en cualquier cosa. La mirada, mientras que estés aun en lo
limitado, estará siempre coloreada por eso limitado. Pero tú sabes que eso solo
es una coloración y que ésta, no tiene ya más sentido que preferir la coliflor
a la zanahoria. Solo es una forma diferente, una ordenación diferente, de
colores, de salvadores, de moléculas y de átomos pero no es algo que entra en
tu forma. Es una diferencia de apreciación (como tú has dicho) pero que no
cambia absolutamente nada en el Absoluto. Este cuerpo de nutrición tiene
necesidad de alimento, cualquiera que sea el alimento. En definitiva ¿qué
importancia tiene?
Pregunta:
¿qué hay de las emociones?
Una
emoción pertenece a la acción/reacción. Está inscrita en el karma y por tanto
(cualquiera que sea la emoción, incluso la más elevada) permanecerá en
definitiva, en lo que se llama astral, es decir el cuerpo de deseo. El cuerpo
de deseo es efímero. Ninguna emoción puede conducirte al Absoluto, aunque tú lo
pienses y lo creas. Todo separa esos dos mundos. Absolutamente todo. La emoción
va a crear una aspiración hacia lo bello, hacia la voluntad de mejorar
cualquier cosa. Una música que se emite no es más que la traducción de una
personalidad. Es necesario estar consciente. Lo que no quiere decir que haga
falta suprimir esas emociones porque, como la mente, están ahí. Es más
agradable ver algo bello que alguna cosa fea (según los criterios de la
persona). Las emociones no son las mismas. Pero esto no concierne, en nada, al
Absoluto. Hacer de la emoción un apoyo a cualquier evolución (o a cualquier
transcendencia) es una mentira. Ninguna emoción puede conducir al Absoluto.
Jamás. De igual forma que la mente no debe ser ya un obstáculo, la emoción es
un obstáculo al Absoluto. La emoción es un sucedáneo de de Luz. La emoción es
una copia, mal copiada, del Amor. La emoción puede crear un estremecimiento
pero no es, en nada, el estremecimiento del Éxtasis. Una vez más, es una
imitación. Es ese principio mismo de imitación que ha sido adelantado por las
religiones, por las espiritualidades. El
Absoluto no será jamás, una emoción.